Cuando se fue, se instaló el silencio en la sala. Nadie se atrevió a decir nada y la oscuridad fue ocupando el lugar que le correspondía por derecho.
Pasaron muchísimos minutos con las miradas atentas a la puerta. Cuando regresó de nuevo a la sala, venía acompañada de su luz.
Todos pensaron lo mismo: tenía una sonrisa con luz propia.

Lo que da de sí una sala, la luz y una sonrisa. Mucha miga de la buena.
ResponderEliminarPD: me encanta el look que va adoptando el blog ¿HAs pensado en ponerle cabecera?
Mola!!! da para mucho juego... Maravillosa luz, maravillosa oscuridad.
ResponderEliminarAgur!!!
...mola que te mole!!!
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